lunes, 1 de diciembre de 2014

Ángeles, arcángeles, guías, maestros y seres de luz

Hace días que andaba rara, tristona, angustiada. Ya no estaba despertando feliz; por el contrario, despertaba cansada, con el cuerpo pesado, adolorido y con ojitos tristes. Yo lo veía claramente, aunque no todos lo percibían. Había entrado en ese estado de preocupación futura, puras tonteras!!! Estaba preocupada por cosas que ni siquiera habían pasado, que no eran mi presente; me había desconectado del aquí y el ahora, y cuando eso nos pasa siempre comienzan los problemas…

Así que decidí recurrir a mis herramientas y me acordé del salmo que la Damy me había regalado, y le pregunté cómo rezarlo. Y lo recé con fe, siguiendo las instrucciones que me dio mi bella guía. Por la noche, por supuesto, medité; esta vez con mucha conciencia de la conexión que quería establecer con mis guías y maestros, y todos los seres de luz que han asistido en mi recuperación, especialmente Halorim, mi maestro. Quería agradecerles todo lo que han hecho por mí y pedir su ayuda para volver a conectarme con mi centro. Luego me dormí. Cerca de las 5 de la mañana desperté sin sueño, sin cansancio, como si hubiera dormido toda la noche; la sensación de pesadez había desaparecido de mi cuerpo y mi mandíbula estaba relajada, y como no me podía volver a dormir, me puse a leer. El sueño volvió recién pasada las 7 de la mañana. Unas horas después desperté con una sensación de gran bienestar y felicidad.

Lo primero que hice al despertar fue contarle a la Damy lo que me había sucedido, sabía que era algo especial; y a medida que le iba mandando wasap me iba dando cuenta de la energía sanadora que me habían entregado estos seres de luz, por primera vez lo había experimentado por mí misma…Nunca jamás me desvelo, en general duermo zzz hasta el otro día, pero este no fue un desvelo común, estoy segura que mi alma estaba tan cargada de energía que mi cuerpo se despertó. Tenía una sensación agradable, de armonía, de paz, de contento; definitivamente no era uno de esos episodios de insomnio en que te das vueltas y vueltas en la cama sin poder dormir y lo único que quieres es que llegue el otro día para terminar con esa tortura; no, esto era algo lindo…

Súper comprobado: cuando pides ayuda con conciencia, el universo te da lo que necesitas. Eso fue justamente lo que hice; pedí claridad, sabiduría y fuerza, y el universo me lo entregó. Desde que recé ese salmo, con fe y convicción, comencé a recibir mensajes del universo; mis angelitos me entregaron un mensaje muy inspirador que hablaba sobre usar el poder de tu imaginación para expandir tus horizontes e imaginar la vida que quieres, y el arcángel Jofiel se hizo presente. A este arcángel se le puede convocar para obtener dirección y fuerza, remover la negatividad y ser claro, sabio y abierto de mente. Además, mis guías me indicaron pedir fuerza para hacer hoy día lo que el universo me está pidiendo. Esto, sumado a la energía que recibí mientras dormía, me dio la claridad, la sabiduría y la fuerza que necesitaba.

Sé que todo esto puede sonar algo loco; desafortunadamente yo no tengo la capacidad para ver o escuchar a los ángeles, arcángeles, guías, maestros y seres de luz, pero sí creo en ellos porque se manifiestan constantemente en mi vida y sí creo que hay personas que tienen la sensibilidad para conectar con ellos, y ahora más que nunca sé con seguridad que estos seres son capaces de obrar milagros porque lo viví.

Cuando estuve hospitalizada ocurrieron muchas cosas bellas, algunas milagrosas, a mi parecer, y una de las más bellas fue haber conocido a la Damaris y haberme conectado con los maravillosos seres de luz de los que ella es intermediaria. La Damy, maestra en el dar, se interesó generosamente en ayudarme sin siquiera conocerme. Durante el oscuro período en que me encontraba hospitalizada sin poder mejorar, ese en que la incertidumbre era la tónica y cada día era peor que el anterior, una amiga en común le comentó lo que me estaba pasando, y ella, después de verme sólo a través de una fotografía, no lo pensó dos veces y comprometió su noble espíritu en ayudarme.

Al principio la Damy me ayudaba a distancia, a través de nuestra amiga en común, quien nerviosa seguía las instrucciones que ella le daba; después empezó a visitarme y me hacía sesiones de manera presencial. Desde su primera intervención las cosas comenzaron a mejorar, rápida y milagrosamente. Recuerdo claramente una vez en que estaba muy preocupada porque mi trastorno de deglución no avanzaba, incluso había sufrido un retroceso, por lo que le pedí apoyo extra en este tema. Esto fue un día viernes, y al lunes siguiente, en la sesión de fonoaudiología, ya se notaba la mejoría; mágicamente había cambiado el rumbo de las cosas…

Esta maestra tiene un don que le permite conectar con ángeles, arcángeles, guías, maestros y seres de luz que le entregan mensajes y le permiten ayudar a los demás y llegar a nuestro centro, incluso más allá de donde a nosotros mismos nos cuesta llegar. Ella tiene una capacidad increíble para leer a las personas, por lo menos esa ha sido mi experiencia; ella puede leerme, aunque no esté conmigo físicamente sabe exactamente cuando algo no va bien, siempre sabe qué me está pasando. Me acuerdo que una vez le pidió a una amiga que estaba conmigo que me preguntara porque estaba enojada con mi papá, y yo ni siquiera tenía conciencia de que estaba enojada con él! Pero así era, estaba molesta con mi papá, y al escuchar esa pregunta tome conciencia de lo que estaba sintiendo.

Esto me quedo súper grabado, ¿cómo alguien podía saber que me pasaba antes que yo misma lo supiera??? Creo que es porque muchas veces nos desconectamos de nosotros mismos, por lo menos a mí me pasa; generalmente, cuando algo me duele no lo quiero ver, lo evado, y eso hace que me desconecte y no pueda hacerme cargo, trato de pintarme la película de que “todo está súper bien” y entro en el automático. Pero al ser interior no podemos engañarlo, él siempre es real, verdadero, y aunque nos hagamos los ciegos y no queramos mirarlo, no podemos hacer desaparecer lo que no pasa. Las cosas simplemente son lo que son…

No sé si logro transmitir en estas líneas la grandeza de lo que me sucedió, es difícil hacerlo, siento que ni yo misma he terminado de dimensionarlo, pero siento que es el momento de compartirlo, así que simplemente sigo mi instinto. Mi intención es compartir mi experiencia con la energía sanadora de los ángeles, arcángeles, guías, maestros y seres de luz, para que otros los hagan presente en sus vidas. Antes de conocer a la Damaris yo sabía de la existencia de estos seres pero no tenía conciencia de su grandeza…lo viví durante mi hospitalización, ellos obraron milagros en mí; después de tantos altibajos, después de haber estado tan mal, de caer y seguir cayendo, de estar cada día peor, todo comenzó a mejorar milagrosamente a partir de su aparición; la recuperación fue sorprendente.

Abrazos celestiales,

Paulina


lunes, 24 de noviembre de 2014

Amasándome

Me cuesta aceptar esto de estar fuera un rato. Es duro ver que la vida sigue sin mí; sigo estando, pero de otra manera, a un costado del camino, como un observador, y a veces como protagonista pero desde otra vereda, una nueva, que no conocía. Las actividades en que participaba siguen sucediendo, pero yo no puedo participar de ellas; mi mente sigue girando a mil por hora, pensando en las mil cosas que tengo ganas de hacer y volver a hacer, y en las que me estoy perdiendo. Hay días en que despierto con full energía, con muchas ganas de vivir como antes, de hacer una vida “normal”, pero mi ser interior se encarga de recordarme que debo ser consciente y cuidadosa con mi cuerpo, que debo ir con calma, que debo darle tiempo a este proceso, y me lo hace saber constantemente a través de mi cuerpo.

¿Qué más te tiene que pasar para que detengas?!!! La otra pechuga??? Una pierna??? Una mano??? Me preguntaba la Caro el otro día. Guau, espero que nada más le respondí; y su pregunta quedo rebotando por días en mi cabeza. No puedo caer en la misma nuevamente, no puedo dejar que se me arranque la chica que siempre está bien, ni la “yo te ayudo”, la “yo debo” o la “yo me la puedo”, porque esas no me funcionaron; no es que tenga que eliminarlas de mi vida, sin duda son parte de mí, pero no puedo dejar que ellas me gobiernen. Es tiempo de que mande el Yo Soy, la verdadera esencia de mi ser, ese que no siempre está bien, ese que a veces necesita llorar y que le permite al cuerpo hacerlo, y que entiende que está bien, porque es necesario botar, limpiar y sacar afuera para que nada se muera adentro y para que nazcan cosas nuevas; ese que se ocupa de sí mismo antes de ayudar a otros porque comprende que es con él su primera responsabilidad y que no es posible dar lo que no se tiene; ese que acepta y respeta quien es y que no se traiciona a sí mismo por hacer felices a los demás o por seguir el camino que ellos creen que es mejor que el que recorre, porque valora quien es y se quiere a sí mismo, por lo que sigue la ruta que su corazón le dicta; ese que se detiene cuando necesita descanso y pide ayuda cuando la precisa, porque se quiere y se cuida.

Es tiempo de ir hacia adentro. De valorar este espacio que me regala la vida, y que difícilmente se repetirá, por lo menos no de esta manera. Es tiempo de conectar con el alma, de escucharla en el silencio y darle aquello que necesita; es tiempo de hacerme cariñito, de regalonearme, de amasarme. Demás que el universo me quiere llevar a un nuevo equilibrio; no puedo hacerlas todas, ni hacerlas todas a la vez jajajajaja, por ahí creo que va el mensaje (uno de los mensajes); todo a su momento…Y así voy a aprendiendo a detenerme, a mirarme, a escucharme, a disfrutarme; a conectar con aquello que me gusta, que me hace bien, con lo que eleva, lo que me llena, y me voy conociendo, y redescubriendo; y voy valorando y agradeciendo este tiempo, y lo voy abrazando, y me lo vivo con conciencia, agradecimiento y alegría, pero en conexión con las luces de las emociones.

Se me viene a la mente un artículo que leí hace unos días que se titula “Los 10 mandamientos del siglo XXI”, donde se propone un nuevo decálogo que permita integrarnos como individuos que sirvan para sanar al colectivo entero. Estos serían los diez mandamientos a la luz del sol que alumbra hoy:

1.    No darás a nada ni a nadie el poder de ser quien eres, no revestirás de poder ningún símbolo ni te postrarás ante él: el mayor don de cada cual es el de la responsabilidad sobre sí mismo. Nada fuera de ti te salvará, y si lo hace, es porque te recordó tu propia potestad natural.
2.    No te pondrás a prueba si sabes de antemano que no vas a cumplir lo que te prometiste. No prostituyas ni tu nombre ni tu palabra. No te desprecies por ser quien eres y cultiva aquello que amas en ti.
3.    Santificarás cada día de tu vida, atesorarás cada momento del día, bendecirás cada latido de tu corazón que hace que tu sangre fluya, es decir, que vivas. La vida es pura fiesta, continua e inconmensurable. A pesar de que haya momentos desagradables, siempre merece la alegría, que no la pena, vivirla.
4.    Honra tu capacidad de seguir adelante y de superarte ante la adversidad. Santifica tu pecho, lugar al que regresarás cada vez que estés dolido. Ama tu capacidad de acción y también tu habilidad para acogerte a ti mismo.
5.    No matarás el espíritu genuino que hay en ti, tu capacidad de entusiasmarte, tu niño interior. Tampoco aniquilarás el de cada cual, más bien procurarás vivir dejando que cada cual viva lo suyo, sin interceder ni modificar nada, y menos aún si no fuiste invitado a hacerlo.
6.    No te traicionarás a ti mismo queriendo seguir el camino que otros trillaron por pensar que es mejor que el que tú recorres. La vía hacia la autenticidad transita sendas solitarias. Ya te encontrarás con otros compañeros de viaje. De momento persevera en lo que eres, en lo que haces.
7.    Nada para ti que no sea tuyo. Nada para los otros que no venga de ti. Exige lo que te mereces pero respeta lo que no te pertenece. No hay nada más triste que apropiarte de los logros de otros. Busca los tuyos, brillan más que el oro.
8.    No mentirás, porque eso te divide a ti mismo entre lo que vives y tu ficción insana por vivir otra cosa. Sé auténtico y amarás lo que te rodea. Donde campa el amor, no hay lugar para la patraña. En lugar de calumniar, busca materializar esa mentira en una verdad.
9.    No harás espacio en tu mente, en tu pecho, en tu sexo ni en tu cuerpo que te divida y te haga dudar de quien eres: escúchate antes de actuar, siente después de cada acción. Si no te acerca un paso más al centro de ti mismo, abandona. Que tus acciones se parezcan cada vez más a quien realmente eres.
10. No consentirás que la envidia se destile en tu hígado. No hay mayor desprecio hacia lo que uno es que despreciar lo que se tiene. Cuida de tu parcela siendo siempre ejemplo de ti mismo, así el mundo se convertirá en un inmenso jardín.

Al leer este decálogo me hizo mucho sentido lo que estamos viviendo; este tiempo que nos obliga a vernos, a ir hacia adentro, y que nos invita a cultivar y venerar la divinidad de nuestro ser y a seguir los dictámenes del corazón, sin cuestionarlos, con valentía y coraje; un tiempo que nos invita a mirarnos y mostrarnos tal como somos, sin caretas, sin importar lo que los demás esperan/quieren de/para nosotros; un tiempo que nos invita a amar lo que somos y lo que no somos, y a entregar nuestros tesoros a los demás, con humildad y respeto.

Siento que la invitación que nos hace el universo es a reconocer lo divino que hay dentro de nosotros; a buscar en nuestro interior y no en el exterior, porque todo lo que necesitamos para ser felices ya lo tenemos, está en nosotros. Creo que la vida nos invita a valorarnos, respetarnos y amarnos - es hora de que entendamos que sólo así podremos valorar, respetar y amar a otros - y nos insta a compartir y entregar nuestros dones al mundo, con seguridad y convicción, de esta forma podemos contribuir a hacer de este un mundo mejor.

Abracémonos, disfrutémonos, amasémonos!!! Agradezcámosle a nuestro cuerpo y a nuestra alma lo fuerte y valiente que han sido al soportar y sobreponerse a todas las tormentas que hemos enfrentado en esta vida; honremos nuestra capacidad de seguir adelante y superarnos ante la adversidad. No demos nada por sentado ni restemos importancia lo que hemos hecho al pensar que es lo que teníamos que hacer, démosle el valor que corresponde! No olvidemos que nosotros no elegimos lo que nos toca vivir (sí somos responsables y co-creadores de lo que nos pasa), pero elegimos como enfrentarlo, por lo que sí tiene valor todo lo que hemos hecho. Y no es egoísmo ni egocentrismo, es amor por nosotros mismos y los demás!!!!

Paulina


viernes, 14 de noviembre de 2014

Conexión del corazón

Hace rato que tenía ganas de escribir esta nota, pero no se había dado…y cómo todo tiene su momento (esto ahora más que nunca lo entiendo), esperé pacientemente hasta que éste llegara. Y llegó, como llegan todas las cosas que se tienen que dar en la vida, y una vez más fue a través de algo que leí en un post que escribió la mujer que pone palabras a mi vida, la Ji.

Como ella bien dijo, hay personas con las que te encuentras y te conectas profundamente y otras cuya vibración simplemente no se da, por más buena intención que haya. “Hay ciertas frecuencias que te unen y otras que no, y algunas que en un momento sintonizan y después pasan, que dejas, porque vamos cambiando y luego no te encuentras aunque haya cariño o buena onda, simplemente no se da, y está bien, sólo que socialmente no es bien visto dejar de ir a ciertas cosas o personas cuando antes sí te encontrabas, pero en estos tiempos de gran honestidad la vibración ya no habla, grita, y casi que te impide conectar con situaciones, espacios y gente que no, que están en frecuencias distintas y/o donde el ciclo se ha cerrado”.

Ay que sentido que me hacen las palabras de la Ji!!!! Lo vi súper claro cuando estuve en el hospital; la frecuencia se siente, tu cuerpo reacciona, se manifiesta, y no puedes evitarlo o hacerte la loca, simplemente la conexión del corazón se da o no se da. El otro día lo conversábamos con la Dani, porque hey! a todos nos está pasando. En estos tiempos de gran honestidad la energía se manifiesta fuerte y claro.

Les quiero contar una historia. Una de las más maravillosas y mágicas de las que he sido protagonista, en la que queda clarísimo cómo se manifiesta la conexión del corazón. Cuando estuve en mis peores días de hospitalizada, pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo porque me tenían sedada. Recuerdo claramente que la primera vez que desperté de este sueño profundo escuché la voz de mi mamá y mis amigas del colegio conversando afuera de mi habitación, así que cuando entró una enfermera, le pedí que las hiciera pasar. La enfermera salió de mi pieza y a los pocos minutos volvió a entrar y me dijo que no había nadie afuera, sólo médicos y personal del hospital, ninguna visita.

Guau…quede plop, como Condorito. De verdad que no entendía nada. Yo las escuchaba fuerte y claro, hasta podía escuchar lo que estaban conversando!!! Qué estaba pasando??? Me estaba volviendo loca??? Fue lo primero que me pasó por la mente jajajajaja…pero cómo, si era tan real…Bueno, lo deje ahí y continué con mi vida de hospital. Al rato me volví a dormir, pero al despertar las voces seguían ahí. Entró otra enfermera y decidí hacer un segundo intento, pero obtuve nuevamente la misma respuesta. Esto no podía ser producto de mi imaginación, cómo tan creativa? Escuchaba sus voces, sus conversaciones, estaba ahí!!! Era real.

La mayoría de mis amigas del colegio vive en Valparaíso, y cómo yo estaba hospitalizada en Santiago, sólo nos veíamos los fines de semana. Definitivamente las extrañaba, ellas son una parte importantísima de mi vida; son mis amigas de siempre, mis compañeras de vida, con ellas crecí, me convertí de niña a mujer, conocen toda mi historia, han visto toda mi evolución, me han acompañado en todas mis penas, en todas mis alegrías. Como dicen por ahí, las amigas son la familia que eliges, y nosotras realmente somos una familia; hay entre nosotras un profundo amor que ha traspasado las barreras del tiempo y la distancia.

Los días en el hospital son largos; ahí la cosa funciona desde muy temprano y para mí el dormir fue todo un tema. Estuve semanas sin poder dormir, apenas pegaba un ojo, así que mis días eran más largos aún que para el común de los pacientes. Las horas que estaba despierta no podía hacer mucho para entretenerme, porque por el síndrome que me atacó me hacía tener la presión por las nubes, me sentía súper mareada y veía doble, así que cero posibilidad de leer, ver películas, series, docus, tele, hacer manualidades o cualquier actividad de esas que solemos hacer para distraernos, y como tampoco podía hablar ni moverme de mi cama, no había casi nada entretenido que pudiera hacer.

Así figuraba, desprovista de todo estímulo externo, de todo aquello que me pudiera sacar del momento presente, de lo que estaba viviendo; el universo me obligó a mirar cara a cara mi realidad, mi dolor, mi sufrimiento, mi malestar, mi miedo, mi angustia, mi vulnerabilidad; y aquí se produjo el mayor de los encuentros, el encuentro con mi ser interior. Y así comenzó todo, la vida tuvo que sacarme de cuajo de mi vida y alejarme de todo lo que estaba a mi alrededor para que entrara en la noche oscura del alma; ese capítulo duro pero revelador, donde nos enfrentamos a nuestros miedos, a quienes somos. No es que antes no haya estado haciendo un trabajo espiritual, hace rato venía haciéndolo! Pero, como tan asertivamente me dijo la Ji, tenía tantas ganas de aprender y de crecer, que el universo me escuchó, y me mandó a un curso intensivo, y me pasó todas las lecciones de una vez; total, se supone que yo era capaz de aprenderlas (ja!).

Como buena virgo, tenaz y perseverante, no me doi por vencida fácilmente, así que me entregue con todo a la tarea de salir adelante y no decaer ante estas poco favorables circunstancias; y para esto ocupé todas las herramientas que la vida me había ido entregando a lo largo de mi existencia, principalmente la fe y la paz-ciencia (la madre de todas las ciencias); y me dediqué a mirar, a escuchar, a abrir mis ojos y mi corazón, y empecé a contentarme con pequeñas cosas, con los regalitos que el universo me iba entregando a diario; y comencé a alegrarme y a encontrar paz en mi interior, y a valorar lo bueno que tenía en mi día a día, en el momento presente. Escrito así suena simple, suena fácil, pero esto no sucedió de un día a otro; tuve que luchar contra mis demonios, contra mi impaciencia, contra mi deseo de controlar-me, contra mi necesidad de entenderlo y conocerlo todo, pero se puede, con voluntad, conciencia y amor, todo se puede.

Se dice que después de la tormenta siempre sale el sol, pero también el universo nos tira salvavidas cuando estamos en medio de la tormenta, sólo que a veces no los vemos o no los sabemos ocupar. Y ahora remoto la historia que les estaba contando, de la que escribí algunas líneas atrás; esa de la que fui privilegiada protagonista. En mi caso, el primer salvavidas que me envió el universo - y que fue lo que abrió una tremenda puerta en mi corazón - fue el conectar en otra dimensión con mi madre y mis amigas. Y aquí me resuenan un montón otra frase de la Ji: estamos viviendo en mundos paralelos o múltiples y esto se nota cada vez más; y sí, definitivamente esto fue lo que yo viví.

Cuando dije que escuchaba a mi mamá conversar con mis amigas como si estuviera afuera de mi habitación pero que no estaban físicamente, fue justamente eso; estaban ahí, conmigo, pero en otra dimensión, en un mundo paralelo. Y esto lo entiendo hoy a cabalidad. En ese entonces, cuando sucedió, me limite a vivir la experiencia. Escucharlas, me daba calma, me daba paz y me transmitía un inmenso amor; me hacía sentir acompañada, en esos que fueron mis días más críticos en términos de salud en el hospital. Así que pasaba las horas con los ojos cerrados escuchándolas, sintiéndolas, visualizándolas; incluso a veces podía verlas sentadas en la sala de espera, a veces de frente, otras veces en ronda; lo importante es que hora a hora y día a día, durante ese período, estuvieron conmigo y me entregaron muchísimo amor.

Después deje de escuchar a mi mamá, y mis amigas ya no conversaban entre ellas sino que cantaban, me cantaban a mí, y siempre entonaban la misma canción. No era una canción inventada por ellas, era una canción que cantaba una mujer en la vida real; no recuerdo el nombre de la cantante ni la letra de la canción pero me acuerdo claramente que la Ale le dijo a las demás que su canto me daría fuerza; sólo ella y la Collado conocían ese tema, así que se lo enseñaron a las demás para que pudieran cantar todas juntas, así tenía que ser para que funcionara. Y así fue. Escuchar sus voces dulces y melodiosas entonar ese mantra provocaba un efecto en mi alma; la letra, la melodía y sus voces eran energía pura que penetraba en todo mi ser y me llenaba de fuerza y amor; me alegraban profundamente.

Hace poco tiempo conecté con este recuerdo, la experiencia más linda y mágica de mi estadía en el hospital, y por qué no decirlo, una de las más lindas y mágicas de mi vida; y por supuesto se los conté a mis amigas. Fue un momento de muchísima emoción, se me erizaba la piel mientras les contaba y las lágrimas rodaban por mis mejillas, y ellas, con gran emoción también, me confirmaban que así fue; que día a día lo primero que hacían por la mañana era hablar de mí y comentar las noticias que cada una tenía, y me enviaban buenas energías y muchísimo amor, y que en eso se pasaban los días.

Con esta información terminé de entender lo que había vivido: un encuentro de almas en otra dimensión, una que no comprendemos, una que sólo se da si existe conexión del corazón. Quizás a muchos de los que lean esta nota les parecerá que todo fue producto de mi imaginación, que no existe tal cosa, pero estoy segura que no soy la única que ha vivido una experiencia de este tipo, y sé que esta historia hará sentido a quienes estén preparados para conocerla. Pueden o no creerla, así es el mundo del amor, el mundo de la fe; no podemos ver con los ojos de la cara ni explicar lo que sucede de forma racional, hay que ir más allá; como La vida de Pi, una historia extraordinaria que puedes o no creer, depende de lo que diga tu corazón.

Besos mágicos!

Paulina

PD: Comencé esta nota en mi casa pero la vida quiso que la terminara en el hospital, en el lugar donde ocurrió esta mágica historia, pero esta vez en condiciones muy distintas…que curiosa es la vida verdad???

jueves, 30 de octubre de 2014

Abrazando la incertidumbre

La incertidumbre, una gran compañera de ruta

Hace unos días leí el blog de la Ji, una súper astrologa que escribía sobre la incertidumbre, sobre el gran potencial que nos ofrece este aire de cambio donde no podemos aferrarnos a nada externo…sólo a nuestro Yo Soy. También escribía sobre el momento bello e importante que estamos viviendo; este gran cierre de ciclo, tiempo de decir adiós y soltar, de transformar y limpiar; tiempo también de un nuevo comienzo, uno mucho más auténtico, que nos permite ser más libres y reconectar con nuestra capacidad de entregarnos a la experiencia de morir (cambiar) para renacer y así transformar.

Y pucha que me hizo sentido!!! En esa estoy, desde hace un buen rato. Sus palabras hicieron clic en mi mente y pusieron a vibrar mi corazón. Al final la vida es eso; miro a mi alrededor y todos estamos en la misma, viviendo en la incertidumbre, que no es mala ni buena, sólo es; depende de cómo la lleve (acepte) cada uno en su vida. Podemos quedarnos pegados en seguir intentando controlar y anticiparnos a todo lo que nos pasa, pero es imposible! y la vida se encargará de mostrarnos que así es…por lo menos conmigo lo ha hecho.

Antes que me diagnosticaran cáncer de mama, viví una etapa nebulosa que me hizo sentir en lo más hondo de mi ser el lado más complejo de la incertidumbre. Tuve que esperar más de dos semanas para saber qué le pasaba a mi cuerpo e incluso después de conocido el diagnostico continué en ascuas, casi hasta el día que me dieron el alta. Desde el comienzo de mi enfermedad, la incertidumbre se hizo reina y protagonista. Los extraños síntomas que presentaba (que detallo en mi post anterior, La llegada del cáncer), nos tenían a todos muy asustados y desconcertados.

El domingo 13 de abril llegué a la Clínica Santa María, acompañada (o mas bien “llevada”) por mis buenísimos amigos Dani y Marquitos. Me atendieron en urgencia y me recomendaron ver un psiquiatra, ya que los doctores sospechaban que tenía una crisis de angustia. Ese mismo día mis papas me fueron a buscar a la casa de Dani y Marcos y me llevaron a Valparaíso, a su casa. El lunes 14 fui a ver un psiquiatra que me recomendaron, quien, luego de hacerme varias preguntas, me dijo que lo mas probable era que estuviera experimentando una crisis conversiva. Al día siguiente (martes 15 de abril) ya no podía tragar ni una gota de agua, por lo que me fui de urgencia a la Clínica Reñaca.

Llegué a la Clínica Reñaca totalmente deshidratada y con la presión por las nubes, no tenía fuerzas para nada, por lo que me dejaron inmediatamente hospitalizada. Aquí pase 8 largos y tortuosos días. Luego de muchos exámenes, y varios días, me dijeron que lo más probable era que tuviera el síndrome de Guillain Barré por lo que me aplicaron un tratamiento con inmunoglobulina. Los días pasaban y yo estaba cada vez peor y los doctores no lograban confirmar este diagnóstico, por lo que no daban ninguna certeza de que el tratamiento que me estaban suministrando fuera el correcto.

Bajo este complejo escenario muchos amigos y familiares recomendaban que me fuera a Santiago, y considerando todos los problemas que habíamos tenido en esta Clínica, decidí irme al Hospital Clínico de la Universidad Católica. En la Clínica Reñaca me atendió un muy buen neurólogo, que me consta estaba muy comprometido con mi caso e hizo lo humanamente posible por ayudarme, pero que no daba abasto para atender a toda una Clínica; por otro lado, las enfermeras y paramédicos (no todas, como en todo hay excepciones), fueron muy poco amables, por decirlo de una manera suave. En resumen, no fue para nada una buena experiencia.

Al llegar a la Católica sentí inmediatamente un alivio en mi interior; nada había cambiado, físicamente seguía sintiéndome igual de mal, pero me sentía segura, el lugar y las personas me inspiraban confianza. Lo que se manifestó fue mi intuición. En este lugar todos eran un amor! Los médicos, enfermeras, paramédicos, las personas que hacían el aseo, los encargados de mantención, todos eran súper amorosos!!! Y eso realmente marca la diferencia. A los dos días de hospitalizada ya habían detectado mi tumor, y en dos días más me habían confirmado el cáncer. Unos días después me explicaron que mi cuerpo, para defenderse del tumor, había generado un síndrome paraneoplásico de Guillain Barré. Esto último fue lo más difícil de diagnosticar, ya que el síndrome se presentó en una variante muy atípica. Era primera vez que los doctores se enfrentaban a esta variante, y más extraño aún era que se presentara en un paciente con una enfermedad de base de cáncer. Por lo mismo, estaban aprendiendo conmigo. No tenían claridad de cómo se comportaría el síndrome ante el tratamiento de inmunoglobulina (que es el indicado para el Guillain Barré) y cómo reaccionaría mi cuerpo ante el tratamiento de quimioterapia para combatir el cáncer. Nuevamente aparecía la señorita incertidumbre, en gloria y majestad.

El plan inicial era aplicar la inmunoglobulina y comenzar en paralelo la quimioterapia, de manera que el síndrome fuera retirándose de mi cuerpo paulatinamente gracias al efecto de la inmunoglobulina y a la reducción del tumor, para así finalmente operar y extirpar lo que quedara de tumor. Pero las cosas no sucedieron como los doctores esperaban. El síndrome si bien en un comienzo se mostró en retirada, volvió a agredir mi cuerpo con más fuerza, lo que desconcertó a los doctores y los obligó a tomar medidas drásticas. La decisión fue realizar lo antes posible la operación, para extraer completamente el tumor y ver si así el síndrome dejaba de atacarme. Y gracias a dios, que iluminó a esos hombres, eso fue lo que sucedió.

La retirada del síndrome fue súper lenta, y lamentablemente nadie sabía de plazos, por lo que viví todo el tiempo que estuve hospitalizada (que fue algo más de 3 meses) una gran incertidumbre. Pase momentos súper duros, el síndrome realmente me complicó la existencia, pero a la vez me salvo. Estuve intubada y conectada a un respirador, tenía presiones altísimas, estaba todo el día mareada, veía doble, no podía tragar ni mi propia saliva, tuve que someterme a una traqueotomía y una gastrectomía…en fin, un tiempo nada fácil en que mi cuerpo físico y mi alma sufrieron un montón.

El primer mes fue del terror, estaba un día más o menos, al otro mal, y al otro peor. Todos los días pasaba algo nuevo, y lamentablemente eran siempre malas noticias, que obligaban a hacerme más exámenes y someterme a más procedimientos, que para mí eran una tortura ya que lo último que quería era que me movieran de mi cama debido a los molestos mareos. Ufff, de verdad que lo de los mareos fue todo un tema; en mi vida me había sentido tan incómoda! Estaba débil, no podía sostenerme en pie, mis venas ya no soportaban más agujas…simplemente ya no quería más guerra. Y lo peor era lidiar con la angustia de no saber qué pasaría, cuándo se iría el síndrome (ya dudaba que alguna vez se fuera), cuándo podría irme del hospital…sentía que no sabía nada, estaba agotada, realmente extenuada física, mental y espiritualmente.

Bueno, así estaba, en la más completa y absoluta incertidumbre, sufriendo una serie de molestos síntomas; con un equipo médico de lujo pendiente de mí, tratando de hacerme sentir lo más cómoda posible en mi estadía, con mucha gente apoyándome, y con mi cabeza a mil. Estaba preocupada y cansada, el síndrome no cedía, los síntomas iban y venían, no me daban tregua; y los doctores, que se enfrentaban por primera vez a un caso así, tampoco podían transmitirme la certeza que tanto anhelaba. El tiempo pasaba y empecé a perder la calma, a perder la paciencia y la fuerza que tuve inicialmente para hacer frente a la enfermedad, para dar la batalla; me empecé a desesperar, todo me molestaba, ya no quería hacer nada. Pero dios no abandona, y me envió un angelito de la guarda, la Xime.

La Xime, voluntariosa como ella sola, fue enviada por dios para hacerme recobrar mi fe. Ella ha tenido siempre una tremenda capacidad para leerme, puede verme incluso sin mirarme, y ahora entendía a la perfección lo que yo sentía y supo lo que tenía que hacer. Me levantó muchas veces; me ayudó a conectar de nuevo con mi espiritualidad, a recordar el camino que había recorrido y los aprendizajes que se habían forjado en mi ser; a recordar que yo era una mujer de fe. Y esto fue clave para mi recuperación; siento que después de esta crisis hubo un antes y un después, viví de otra manera muy distinta el resto de mi hospitalización.

En la primera etapa de mi hospitalización saque a la guerrera que llevo dentro, di la batalla con todo, siempre positiva, fuerte, optimista, me pare una y otra vez sin decaer. Luego toque fondo, perdí la esperanza y las ganas; me agoté. Pero aquí se produjo un punto de inflexión, un punto en el que incorporé un nuevo elemento a mi lucha, el más importante de todos: la fe. Y fue entonces cuando mi mente entendió y mi alma aceptó que todo esto era parte de un plan divino, un plan diseñado para que mi alma evolucionara, un plan donde estaba la voluntad de dios. Y así, acepté lo que me estaba pasando, me entregue a la voluntad de dios, confié en el universo y encontré la paz en mi interior. La calma volvió a mi ser y comencé a ver cosas que antes no era capaz de ver, empecé a ver maravillosos regalos, y me sentí afortunada, agradecida y bendecida por el universo.

La historia no fue nada fácil. Tuve que recorrer un largo y pedregoso camino, uno donde el universo me hizo sentir con fuerza el poder de la incertidumbre; me hizo entender que no podía aferrarme a nada externo, ni a un diagnóstico médico, ni a un doctor, ni a mi cuerpo físico, ni a la sensación de sentirme fuerte, joven y saludable, ni a la cómoda pieza donde estaba solita sin que nadie, según yo, “me molestara”, ni a las enfermeras del piso que ya eran mis amigas…las cosas cambiaron, una y mil veces, y a pesar de que en la Católica me dieron el diagnóstico correcto, tampoco me pudieron dar la certeza en cuanto a tiempos y etapas de recuperación que yo esperaba, y el universo me mostró que cada proceso tiene su tiempo, y esta no era la excepción.

Todo esto me llevo a aferrarme a mi fe, a mi Yo Soy, y me hizo soltar todos aquellos viejos patrones que regían mi mente y limitaban mi espíritu, esos en que necesitaba conocer y planificar todo lo que venía para sentirme segura, esos en que no quería que me sacaran de mis sitios de comodidad, esos en que no me permitía estar mal y me sentía culpable si algo en mi vida me hacía sentir que volvía atrás; y me permitió limpiar, desechar lo que ya no me hacía sentido y atesorar lo que me hacía vibrar, deje atrás a la vieja Paulina que necesitaba controlar cada aspecto de su vida y atesore a la mujer capaz de entregarse con fe al universo aunque no comprenda por qué ni para qué están sucediendo ciertas cosas en su vida y aunque no le guste lo que está viviendo y no lo esté pasando bien.

Siento que esta enfermedad, por esta y muchas cosas más, permitió transformarme, como lo hace la oruga cuando se transforma en mariposa; y empezar una nueva vida, una más auténtica porque me conozco muchísimo mejor, donde soy más libre porque me despoje de mucha mente que me ataba, donde sé que tengo la capacidad de entregarme a la experiencia de morir para renacer y así transformar.

Un abrazo lleno de amor y esperanza,

Paulina


sábado, 18 de octubre de 2014

La llegada del cáncer

Y contra todos mis pronósticos, el cáncer había llegado a mi vida…


Hace siete meses, en abril de 2014, me diagnosticaron cáncer de mama. Gracias a la generosidad del universo mi cáncer fue detectado a tiempo, y aquí quiero detenerme, porque fue literalmente gracias a la generosidad del universo…

Dos meses antes de saber de mi cáncer (en febrero de este año) me di cuenta que había aparecido un poroto de un tamaño considerable en mi mama izquierda, por lo que consulté un ginecólogo. Éste, luego de realizarme una ecotomografía mamaria, me dijo que lo más probable era que mi tumor fuera benigno, ya que tenía movilidad, y me pidió que me realizara una mamografía para confirmar el diagnóstico. Luego, con el resultado de este último examen, el doctor me confirmo que no tenía nada de qué preocuparme, ya que no se veía nada extraño en el examen (gracias Pilita por acompañarme!). Por ser un tema delicado, y a sugerencia de mis amigas, consulte una segunda opinión. Esta vez fui acompañada de la Marce y con mamografía en mano; y el nuevo doctor, que se limitó a ver el examen sin siquiera examinarme, dio su diagnóstico: un quiste de agua, que por cierto, se disolvería solo. Con dos opiniones “expertas” me sentí tranquila y aliviada.

Primera reflexión: debemos conocer nuestro cuerpo y hacernos cargo de mantenerlo sano, con todo lo que eso implica. No tenía forma de saber que aquel poroto extraño que apareció repentinamente en mi mama era un cáncer, pero si podría haberme involucrado de otra forma en los diagnósticos que me dieron los doctores para explicarlo, y para ser honesta, no lo hice por miedo. Tenía 31 años, me sentía sana, vivía sola, feliz, en un departamento y un barrio que me encantaban, tenía un buen trabajo, estaba descubriendo cosas maravillosas, estaba encantada de la vida!!! Nunca se me pasó por la mente la posibilidad de que un tumor maligno estuviera creciendo dentro de mi cuerpo…he aquí mi primer error. Y no se trata de ser positiva o pesimista, se trata de abrirse a todas las posibilidades para ver, se trata de aceptar, y para una virgo controladora como yo, esta es una tarea algo difícil.

De esta manera, cubriendo mi miedo de positivismo, me predispuse a escuchar lo que yo quería escuchar, y las respuestas que me dieron ambos doctores calzaron perfecto con la historia que me había pintado en mi mente, por lo que cuando los escuche, ni siquiera se me ocurrió preguntarles que antecedentes tenían para descartar un cáncer (ya que esa para mí no era una opción), ni siquiera me cuestioné que no me realizaran una biopsia. A esto me refiero con que debemos hacernos cargo nosotros de mantener sano nuestro cuerpo, no podemos depositar el tesoro de nuestra salud en manos de otros, ni desentendernos de lo que nos dicen respecto a él; debemos hacernos cargo de atenderlo y escucharlo, abriendo los ojos y el corazón aunque nos muestre algo que no queramos ver.

Ay Pily si te hubiera escuchado! Si hubiera consultado esa tercera opinión…Pero bueno, no soy de las que lloran sobre la leche derramada, y soy una convencida que todo pasa por algo, y más que por algo, PARA algo, así que estoy segura que esta historia sucedió tal como tenía que ser, no me cabe duda de eso.

Bueno, como el cuerpo es sabio, el mío comenzó a defenderse del cáncer que estaba creciendo dentro de él y me dio varias señales, que yo, lamentablemente, no quise ni supe ver ni escuchar. Los síntomas duraron dos semanas aproximadamente, pero fueron súper agresivos.

Todo comenzó un día viernes, al salir de la pega, fui a despedirme de la Xime (mi queridísima jefa y amiga), y note que hablaba más lento de lo normal, algo que nunca me había pasado…supuse que era cansancio. Emprendí mi viaje de Santiago a Valparaíso, y cuando llegué a la casa de mis papas me di cuenta que continuaba esta extraña sensación al hablar; se los comenté pero ellos no notaban ningún cambio en mi modo de hablar, así que deje de preocuparme. Al día siguiente me junte con mis amigas a almorzar, y como seguía con esta molesta y extraña sensación de hablar más lento de lo normal, les hice el comentario; ahí me di cuenta que no podía pronunciar la letra R, cosa que también les dije. Entre risas y bromas especulamos varias teorías, pero todas coincidieron en que debía consultar un doctor, incluso la Ale me mando directo a un neurólogo y me hizo saber su preocupación.

Como soy porfiada y pienso que siempre puedo resolverlo todo por mí misma, pensé que esto no era la excepción. Seguí con mi teoría de que lo que me estaba sucediendo era producto del cansancio, y como el ritmo de mis palabras volvió a la normalidad (aunque no así el tema de la R), lo deje en el olvido. Pero mi cuerpo continuó enviando señales, y cada vez me hablaba más fuerte. Así, comenzaron los problemas para dormir y para comer, los mareos y para que decir el cansancio. Al principio me despertaba en mitad de la noche sin razón aparente y me costaba volver a quedarme dormida, pero finalmente me vencía el sueño y volvía a entregarme a los brazos de Morfeo. También empezaron los problemas para tragar; no podía comer cosas muy ásperas o duras, se me atoraban en la garganta, así que opte por evitarlas (asunto “arreglado”!). Pero con el tiempo (en la segunda semana), los síntomas se hicieron más fuertes y estaban afectando mi vida de forma considerable. Dormía dos o tres horas diarias, lo único que podía tragar eran líquidos (sopas, jaleas, yogurth), despertaba súper mareada y me sentía muy débil. Así, como podía, continué con mis actividades, iba a trabajar, me juntaba con mis amigas, iba a yoga (cosa que me daba algo de energía), y a medida que pasaba el día me iba sintiendo mejor.

Llegó el fin de semana, y pensé “esta es la mía”! ahora descanso y recargo pilas, y se irán todas las molestias y volveré a sentirme bien, como antes. Para empezar, el sábado en la mañana fui a darme un masaje (ay como me encantan!), para botar tensiones y hacerme un regaloneo, y luego me fui a almorzar con mi amiga Pily. Comí lo que pude (ya no podía tragar casi nada sin ahogarme), conversamos, nos reímos, vimos fotos e hicimos recuerdos de nuestros viajes y luego, cuando el cansancio me venció, me fui a casa para seguir con mi ritual de auto-sanación; esta vez me tocaba darme un baño de tina con sales y vinagre, para sacar todas las vibras ajenas que pudieran estar afectándome. Así lo hice, prendí velas, puse una música agradable, y luego me fui a dormir. Esa noche fue del terrorrrrr!!!  No pude pegar un ojo, me la pase en el baño intentando vomitar y rezando para no desmayarme, por primera vez estaba asustada. Espere que se hiciera de día para partir al hospital, esta vez (por fin!) había entendido que necesitaba ver un doctor, y justo cuando estaba animándome a levantarme, mi buena amiga Dani me mando un WhatsApp, así que le conté en lo que estaba. Creo que no pasaron ni 10 minutos cuando ya estaba en mi casa con Marcos como ambulancia, listos para llevarme al hospital (gracias amigos, fueron unos ángeles!!!).

Como les comentaba, descubrí mi cáncer gracias a la generosidad del universo, ya que si mi cuerpo no hubiera manifestado con fuerza estos molestos y agresivos síntomas, nunca habría visto un doctor. La historia de cómo llegaron al diagnóstico de cáncer de mama la dejo para otro post.

Segunda reflexión: escucha tu cuerpo!!! Tu cuerpo te habla, y si no lo escuchas te habla más fuerte. No esperes que llegue a gritarte para escucharlo, ¿por qué no hacerlo antes? Creo que con mi historia quedó más que claro no?

Para terminar, me gustaría comentarles que, por lo que he visto y por mi propia experiencia, creo que como mujeres (jóvenes principalmente) estamos muy desprovistas de información. Ginecólogos, medios de comunicación, incluso instituciones dedicadas a apoyar a mujeres con cáncer de mama, llaman a las mujeres mayores de 40 a realizarse la mamografía, con lo cual desinforman a quienes tenemos menos de esa edad. ¿Acaso una mujer menor de 40 años no puede desarrollar un cáncer de mama? Ciertamente esto no es así; yo tenía 31 años cuando me lo detectaron, y así como yo hay muchos otros casos, de mujeres incluso menores de 30! Se de casos en que ginecólogos incluso se han negado a realizar mamografías a mujeres menores de 40 por que según ellos la exposición de la radiación a ésta, antes de los 40, es en sí misma un factor de riesgo de futuro cáncer; y muchos otros en que simplemente se limitan a decir “antes de los 40, no tienes de que preocuparte”. Qué es esoooo!!! Qué derecho tiene otro a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra vida!!! Como dijo mi amiguita del alma Alejandra: nunca creamos que un médico sabe más de nuestro propio cuerpo, que nosotras mismas!

Por eso creo en la importancia de este espacio, por que como mujeres podemos ir ayudándonos, apoyándonos, transmitiendo conocimientos, compartiendo experiencias, empoderándonos de nuestros cuerpos y de nuestras vidas a través del auto-conocimiento…podemos ir haciendo tribu…

Un gran abrazo,

Paulina